Es curioso lo que han cambiado mis costumbres culinarias en este país. Cuando llegué aquí hace tres años, al principio cocinaba un montón. Mi plato preferido era el arroz... arroz con gambas, arroz con pollo, arroz con verdura, con curri, paella. Los arroces eran super socorridos. Todos me encantaban. Además, empecé a hacer platos que nunca había hecho, que apenas me gustaban, como las lentejas. Echaba de menos la comida de casa.
Ese año, además, era costumbre ir cada jueves a cenar al "On The Border". Allí empecé a acostumbrarme a la comida tex-mex. Lo primero que hice fue incrementar mi tolerancia hacia lo picante, con esa salsa que sirven con las tortilla chips sólo con pedirte un vaso de agua. Puedes beber y comer tortillas chips hasta que te sacies, o se te caigan los mocos y llores del picor.
Empecé con las quesadillas, las flautas, así, poco a poco, hasta que me di cuenta que la comida tex-mex es una guarrería y no está ni una milésima parte de buena en comparación con la comida auténtica mexicana.
Primero fue con los niños, que me traían tamales. Al principio miraba con recelo a esa salsa verde en un botecito que venían con ellos. La miraba sin probarla pensado... ¡¡cuánto debe picar eso!! Hasta que un día los tamales venían con la salsa incorporada y...¡sí, picaban bastante! ¡Pero que ricos! Desde entonces soy tamal-adicta. Los amo, los adoro. ¡Y hasta los cocino! Roberto y yo los hacemos en equipo, y nos quedan muy ricos. Después del descubrimiento afortunado, seguimos experimentando la cocina tradicional mexicana, y ya no tuvo solución. Somos expertos hasta en identificar diferentes sabores y tonalidades de picantes, carnes, tacos, guisos como pozole, menudo... infinidad de platos que van del puerco a los cactus, y que están absolutamente deliciosos.
Ahora podemos decir que andamos envueltos por una gastronomía tricultural que nos hace los almuerzos de lo más variado y apetecible. Pasamos de la hamburguesa a la paella, y de la paella a los tacos, de acá para allá, sin problema, eso sí, siempre hilando fino, que somos sibaritas y no comemos cualquier cosa...¡aunque sin duda, podríamos! Somos, digamoslo así, de buen comer... ¡pero también de buen cocinar y de disfrutar!
Estos tres años en Texas han hecho que, esté donde esté el próximo año, mis costumbres, mi día a día, mis habitos alimenticios hayan cambiado para siempre. ¡Preparense todos, acá o allá, que no podréis negaros a probar nuestros platos!


